Impulsos(Des)Animados

Los invito al lanzamiento de mi primer libro de poesía “Impulsos (Des) Animados” de la editorial Fallidos Editores con Ilustraciones de Hugo Díez y prólogo de Nátaly Londoño , el día 11 de octubre a las 7:00 pm en La Pascasia .
Para adquirir el libro pueden escribirme, pronto les informaré en cuáles librerías pueden conseguirlo. 🌾

Fotografías : Valentina Buriticá & Carolina Carvajal 

 

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Julio 16

Sentir su corazón contra el mío
fue como tener un ave agitando sus alas
en mitad de la primavera
cuando ninguna hoja cae
pero todos los árboles sufren la belleza del mundo.
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Venecia, Antioquia.

 

So.

Ciento trece años y una ferocidad latente

Cuando alguien se refiere a mi clima interior quisiera responder que “me crecen el alma y las uñas”, mientras la realidad me abraza con sus manos llenas de piedras.

Nota realizada para la Revista Canéfora : para la difusión cultural y literaria. Pueden leerla completa aquí: revistacanefora.wordpress.com/…/ciento-trece-anos-y-una-ferocidad-latente

Sin título

Exploración poética

Mis palabras ruedan por el pavimento,

estoy tendida en mitad de los problemas,

temblorosa,

deseando una esquina en el mar

para mirar las barcas

que llegan y se van ,

pero mi cuerpo está enredado en el árbol

como una cometa robada al viento,

tengo un mapa de estrellas acurrucado en mi vientre,

y aún así  me pregunto:

¿Puede un hombre evadir su retorno?

No lo sé, pero hay que morir sin tinieblas en los ojos

sobrevivir al vehículo de nuestro cuerpo.

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Mompiche, 2017.

So, deseando de nuevo el mar.

 

 

 

 

 

La melancolía rebosa el número de

células vivas en mi cuerpo,

no hay geografía interior en los mares ajenos,

ni oleaje que arrastre mis lágrimas

hasta el corazón de una stella maris,

ningún puerto es seguro cuando se tiene esperanza

porque todos los amaneceres hieren,

y su luz guarda el amparo

de una barca borracha

próxima a hundirse.

Mompiche

Mompiche 2017.

So, desde las regiones marinas.

Memorias del calavero

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Imagen tomada de : http://bit.ly/2s4eyRM

Rubén Mendoza ha logrado una buena inserción en el cine colombiano, su relación creativa con Luis Ospina, es quizá una de las influencias que tiene para realizar “Memorias del calavero”  a partir de “El tigre de papel”.

Memorias del calavero es un falso documental que cuenta la historia  del “Cucho”, un vagabundo y enfermo terminal de sida, que vivió 35 años en el Cartucho y quién guarda un secreto, que solo  revelará al documentalista, en su lugar de origen.

“El cuasi morido”, fue el primer nombre que Rubén pensó en ponerle a este largometraje, pues muestra la condición humana como un objeto observable e introspectivo que revela las dualidades que aquejan a un vagabundo. Esta idea de realización, nació en medio de la audición para “La sociedad del semáforo”, cuando Rubén Mendoza como parte de su trabajo con actores naturales,  puso en un habitación a Antonio Reyes (el Cucho), frente a una cámara a que le contara  lo que quisiera .Al revisar las memorias de la audición y luego de filmar su primera película, Mendoza decidió recurrir a la ficción para contar esta historia cargada de verdades y mentiras.

Esta película deja patinando el cerebro. Los paisajes, la musicalización, los diálogos, el humor y los puntos de giro, hacen que esta, se presente como una reflexión a la explotación del dolor, una exposición de la inutilidad y la grandeza de un vagabundo. Guarda relación con “Fake” de Orson Wells, el primer falso documental que narra historias reales con componentes ficticios, convirtiendo verdades en mentiras gigantescas.

Memorias del calavero es una narración intimista y reveladora que muestra sutilmente todas las muertes que llevamos dentro.

 

So, en el recuerdo.

Etiquetado ,

Que tristes los gatos vistos desde la estación San Antonio,

húmedos,

hurgando en la basura

mientras mi cuerpo se revela a continuar

detrás de la línea amarilla,

porque no hay hombro amigo ni cerveza fría

para enderezar los pasos y dejar caer las lágrimas,

cuando los metros se confunden

y mi ritmo se pierde en el destino de los hombres.

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Fotografía tomada en la exposición “Fortuna” de William Kentridge.

 

So.

Las palabras me muerden la lengua

para que no las diga,

trato de combatirlas con mis dientes afilados,

pero su quebranto es más grande que mi batalla,

y el ritmo de las arpas comienza a irse

como se van las líneas del chat,

y yo simplemente no tengo nada para decir,

ningún pretexto para interrumpir su furia,

ningún abrazo para ocultarme en el interior de sus acrílicos,

y sobrevivir la vida,

que también

es un milagro.

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So.

 

 

 

La coseidad de la muerte

La muerte es un arado en el cuerpo, un trazo de caminos donde cobra vida la visualización de lo que me constituye , no es un estado, no es un  estímulo, se presenta más bien como una “cosa”, capaz de filiar todas las pasiones, las creencias y la espiritualidad. Tal vez, una reunión metareflexiva de las imágenes que incesantemente he constituido como la representación de un “yo”.

Esta “cosa”, la muerte, no es ni cálida, ni fría, pues carece de forma y de sentido, tampoco es una transmigración, sin embargo, guarda el sentido poético de lo inexplicable.

Así pues, morir no es cesar, no es empezar; no se muere en el budismo, en el zoroatrismo, en el islamismo, y mucho menos en el cristianismo, más bien, se presenta una fundición del cuerpo, que se separado de su “cielo”, teme no alcanzar el júbilo.  En este caso, la muerte es como una cometa que pende de un hilo para elevarse, enredarse o cosificarse en el intento de no partir definitivamente.

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Museo capilla del hombre, Ecuador, 2017.

Pensamientos conjuntos,

So y Andrés.

 

 

 

Me lamí las heridas como un animal ,

me acepté mamífera,

bajé por las piernas de mi madre y

bebí su leche  adornada con canciones de cuna

venidas del croar de las ranas,

me formé mujer y aprendí

a desprenderme de mi sangre,

a coagular mi corazón y mi de deseo de ser madre,

quemé mis trompas y lloré después,

sumergida en el silencio y la piedad de la mentira,

me acepté mamífera,

instalada en la aridéz de mi palabra y

en noble oficio de ser hija,

ser propia y ser ajena,

sumergida en el silencio y la piedad de la mentira.

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So.