La melancolía rebosa el número de

células vivas en mi cuerpo,

no hay geografía interior en los mares ajenos,

ni oleaje que arrastre mis lágrimas

hasta el corazón de una stella maris,

ningún puerto es seguro cuando se tiene esperanza

porque todos los amaneceres hieren,

y su luz guarda el amparo

de una barca borracha

próxima a hundirse.

Mompiche

Mompiche 2017.

So, desde las regiones marinas.

Memorias del calavero

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Imagen tomada de : http://bit.ly/2s4eyRM

Rubén Mendoza ha logrado una buena inserción en el cine colombiano, su relación creativa con Luis Ospina, es quizá una de las influencias que tiene para realizar “Memorias del calavero”  a partir de “El tigre de papel”.

Memorias del calavero es un falso documental que cuenta la historia  del “Cucho”, un vagabundo y enfermo terminal de sida, que vivió 35 años en el Cartucho y quién guarda un secreto, que solo  revelará al documentalista, en su lugar de origen.

“El cuasi morido”, fue el primer nombre que Rubén pensó en ponerle a este largometraje, pues muestra la condición humana como un objeto observable e introspectivo que revela las dualidades que aquejan a un vagabundo. Esta idea de realización, nació en medio de la audición para “La sociedad del semáforo”, cuando Rubén Mendoza como parte de su trabajo con actores naturales,  puso en un habitación a Antonio Reyes (el Cucho), frente a una cámara a que le contara  lo que quisiera .Al revisar las memorias de la audición y luego de filmar su primera película, Mendoza decidió recurrir a la ficción para contar esta historia cargada de verdades y mentiras.

Esta película deja patinando el cerebro. Los paisajes, la musicalización, los diálogos, el humor y los puntos de giro, hacen que esta, se presente como una reflexión a la explotación del dolor, una exposición de la inutilidad y la grandeza de un vagabundo. Guarda relación con “Fake” de Orson Wells, el primer falso documental que narra historias reales con componentes ficticios, convirtiendo verdades en mentiras gigantescas.

Memorias del calavero es una narración intimista y reveladora que muestra sutilmente todas las muertes que llevamos dentro.

 

So, en el recuerdo.

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Que tristes los gatos vistos desde la estación San Antonio,

húmedos,

hurgando en la basura

mientras mi cuerpo se revela a continuar

detrás de la línea amarilla,

porque no hay hombro amigo ni cerveza fría

para enderezar los pasos y dejar caer las lágrimas,

cuando los metros se confunden

y mi ritmo se pierde en el destino de los hombres.

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Fotografía tomada en la exposición “Fortuna” de William Kentridge.

 

So.

Las palabras me muerden la lengua

para que no las diga,

trato de combatirlas con mis dientes afilados,

pero su quebranto es más grande que mi batalla,

y el ritmo de las arpas comienza a irse

como se van las líneas del chat,

y yo simplemente no tengo nada para decir,

ningún pretexto para interrumpir su furia,

ningún abrazo para ocultarme en el interior de sus acrílicos,

y sobrevivir la vida,

que también

es un milagro.

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So.

 

 

 

La coseidad de la muerte

La muerte es un arado en el cuerpo, un trazo de caminos donde cobra vida la visualización de lo que me constituye , no es un estado, no es un  estímulo, se presenta más bien como una “cosa”, capaz de filiar todas las pasiones, las creencias y la espiritualidad. Tal vez, una reunión metareflexiva de las imágenes que incesantemente he constituido como la representación de un “yo”.

Esta “cosa”, la muerte, no es ni cálida, ni fría, pues carece de forma y de sentido, tampoco es una transmigración, sin embargo, guarda el sentido poético de lo inexplicable.

Así pues, morir no es cesar, no es empezar; no se muere en el budismo, en el zoroatrismo, en el islamismo, y mucho menos en el cristianismo, más bien, se presenta una fundición del cuerpo, que se separado de su “cielo”, teme no alcanzar el júbilo.  En este caso, la muerte es como una cometa que pende de un hilo para elevarse, enredarse o cosificarse en el intento de no partir definitivamente.

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Museo capilla del hombre, Ecuador, 2017.

Pensamientos conjuntos,

So y Andrés.

 

 

 

Me lamí las heridas como un animal ,

me acepté mamífera,

bajé por las piernas de mi madre y

bebí su leche  adornada con canciones de cuna

venidas del croar de las ranas,

me formé mujer y aprendí

a desprenderme de mi sangre,

a coagular mi corazón y mi de deseo de ser madre,

quemé mis trompas y lloré después,

sumergida en el silencio y la piedad de la mentira,

me acepté mamífera,

instalada en la aridéz de mi palabra y

en noble oficio de ser hija,

ser propia y ser ajena,

sumergida en el silencio y la piedad de la mentira.

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So.

Aprender- enseñar

Hoy a los niños les fue dada la palabra,

para ser escrita

con sus uñas largas  y llenas de mugre,

se les entregó el camino a la escuela ,

para cargar el morral con sus cuadernos

y el estómago vacío,

les fue concebido el don de la imaginación

para traducirlo en abrazos y semillas de tomate,

mas con su caja de colores pintarán una ciudad de papel

donde pondrán las labores del hogar y las rutas en bicicleta,

compartiendo la fragancia de las flores

y el bolis de 200 en la tienda,

porque de ellos es el reino de la tierra y la esperanza,

sus inocentes manos,

ponen fértil cualquier corazón en llanto.

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So,  en taller con niños.

 

Hoy estoy en el espacio abierto del portal web argentino #Lapoesíaalcanzaparatodos , los invito a visitar este hermoso proyecto que difunde y alberga a la palabra.

Aquí les dejo el link donde pueden leer el poema completo: http://lapoesiaalcanza.com.ar/espacio-abierto/16-poemas-recibidos/3476-ana-sofia-buritica-de-colombia-iii

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En los huesos

Los días avanzan con la lentitud del agonizante,

voy dejando a mi paso ,

un desierto de afectos,

silencios,

y miedos.

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So.

Por un tiempo corto tuve dos almas,

una más dócil y silenciosa

la otra dominante e insegura de su antigüedad,

ambas amadas,

pero una ajena como el lejano océano

que flotó desde una estrella hasta mi cuerpo,

para darme y quitarme la esperanza de ser otra ,

de llevar un rostro más genuino frente al mío.

Tuve dos almas

que danzaron entre Bach y la sal de mis ojos,

dos almas y un desprendimiento pesado como el metal,

sangriento como las barbaries del colono

y tan triste

que nada sobre esta tierra

podrá fundir sus partes separadas

en las mías.

SO.